NI LOS REYES SE ATREVEN A TANTO: EL MINISTRO QUE SE DEJA SERVIR DE RODILLAS

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Ni a los reyes absolutistas, ni al Papa, ni a los dictadores más arrogantes del mundo se les ve hoy en escenas tan obscenas de sumisión. En Querétaro, el ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Hugo Aguilar, fue exhibido mientras le limpian los zapatos como si fuera un monarca decadente, minutos antes del aniversario de la Constitución que, irónicamente, debería recordarle límites, no privilegios.

La imagen es repugnante por lo que dice y por lo que normaliza. Aguilar permanece inmóvil, con las manos en los bolsillos, mientras Amanda Pérez, titular de Comunicación Social, se agacha para servirle. No hay incomodidad, no hay pudor, no hay humanidad. Solo soberbia pura, la misma que ha convertido a ciertos funcionarios en una casta intocable que ya no disimula su desprecio por los demás.

En un país mayoritariamente creyente, la escena es una bofetada moral. Jesús lavó los pies para enseñar humildad; aquí el poder exige rodillas para exhibir dominio. Esta es la nueva política mexicana: cinismo elevado a protocolo, arrogancia disfrazada de autoridad y un pueblo al que se le sigue engañando con discursos mientras otros se limpian los zapatos con la dignidad ajena.

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